DE COCER LOS GARBANZOS E INTERNET

Este fin de semana estuve en Arribes del Duero, en Villarino de los Aires. Era casi la hora de comer y estaba el tiempo desapacible. Aun así, frente a la Fuente Concejo, doña Isabel me estuvo contando cómo antiguamente iban, con el cántaro a la cadera, a recoger allí el agua. Me explicó que antaño, la mayor parte de las casas tenían su propio pozo, pero este agua se usaba solo para lavar y para el ganado. La de beber se cogía en las fuentes (aunque la de esta en concreto no era la mejor porque “era muy sosa y no cocía los garbanzos”). Por lo visto, cuando el agua escaseaba en verano, para controlar su consumo, el ayuntamiento entregaba una papeleta a los vecinos y el alguacil la rasgaba cada vez que las mujeres se llegaban a la fuente. “Si en una casa había cuatro: dos cántaros. Que había seis: tres cántaros”, completó la explicación otro arribeño.

Luego, doña Consuelo me contó recuerdos de la casa de sus padres y don Juan me habló de lo mucho que tenían que trabajar en las bodegas para preparar la vendimia.

Y ahora te estarás imaginando que el pueblo estaba repleto de gente amable y deseosa de charlar con los forasteros. Tristemente no. Como en tantos pueblos, allí son mayoría las puertas literalmente chapadas.

En realidad, se trata de un proyecto turístico. Una ruta señalizada con tótems explicativos. La peculiaridad estriba en que estos paneles cuentan con un código QR que permite descargar ficheros de audio en los que un narrador explica cada recurso y varios de los vecinos mayores enriquecen la descripción de viva voz con sus propios recuerdos.

Me encantan estas iniciativas. De forma relativamente sencilla, convierten un conjunto de recursos aislados en un producto turístico redondo.

A la posibilidad de realizar una visita guiada en un lugar que de forma tradicional sería bastante difícil, la aportación de los testimonios de la población local la hace tremendamente interesante y única. Y esto mismo la convierte en una herramienta de animación sociocultural, dando valor a la propia población mientras se contribuye a mantener la memoria de una forma de vida ya perdida.

El proyecto aprovecha la tecnología multimedia para llegar a gran cantidad de público: los audios están en castellano, inglés y portugués; y también cuentan con una versión adaptada a los niños. Además, el texto del panel también está en braille, lo que siempre es un plus.

Por otro lado, fuera de la gestión e inversión inicial, el mantenimiento es muy sencillo y barato.

Y, además de todo, para nosotros los gestores, supone una buena fuente de información. Teniendo en cuenta que el turismo rural y de naturaleza resulta especialmente complicado de cuantificar, un proyecto como este nos da la posibilidad de contabilizar el número de descargas de los audios que se hacen. Y mejor aún, nos permite conocer algunas características de los usuarios como el idioma elegido, si utilizan la oferta infantil, la fecha de la visita, si completan la ruta o cuáles son los recursos que despiertan más interés.

En fin, que este tipo de proyectos son un acierto absoluto por muchas razones. Y son muy importantes para dar un poco de aliento a la moribunda situación de muchos de nuestros pueblos.

Pero, ahora dime: ¿cuál crees que es el mayor obstáculo para poner en práctica una iniciativa como esta? ¿La financiación? ¿Las ideas? ¿La falta de personal? Creo que solo hay una barrera que un promotor «parvi» no puede salvar por más que lo intente: una tecnología suficiente. La ruta perdería todo su encanto y riqueza si los audios no pudieran descargarse en cada parada.

Y aquí es donde aprovecho para reivindicar conexión a internet y cobertura móvil para el medio rural, que hace tanta falta como el agua. Y no una mediocre como la de la Fuente Concejo. No, no; una conexión suficiente, de calidad como todas esas cosas buenas que nos da el campo.

PD: Recuérdame que otro día te hable de los Arribes y las Arribes. De su paisaje sobrecogedor, gris, azul y verde; de bancales, tesos y miradores; de buitres y olivos; de fiestas y de buena gente; de cortinas, chozos, molinos, ermitas, palomares, almazaras, bodegas,… ¡Ah! Y de la Juan García y la bruñal. Y luego, enseguida, Portugal.

Para compartir ¡Gracias!:

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para ofrecerte la mejor navegación y también con fines analíticos y estadísticos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes modificar su configuración u obtener más información en nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies

This function has been disabled for Blog sobre gestión cultural y desarrollo turístico.

Ir arriba