CON EL COVID-19

Seguramente, la actividad turística y cultural nunca ha tenido que enfrentarse a una crisis como la provocada por el COVID-19. Aun contando con una vacuna infalible, todo el mundo parece coincidir en que el futuro de estos sectores no será igual.

«En producción animal, llevamos décadas protegiéndonos de las epidemias», me ha comentado en varias ocasiones Juanjo (Juan José Ciruelos) durante el confinamiento. Él es veterinario y trabaja desde hace años en el sector porcino. Además, lleva unos meses formándose en salud pública. Su visión de la pandemia me está resultando muy interesante, además de esperanzadora.

Todas las especies animales se han visto (nos hemos visto) desde siempre afectadas por epidemias y enfermedades transmisibles, provocadas por virus u otros agentes como bacterias, hongos o parásitos. En el caso de las granjas de cerdos, han ido adoptando nuevas e importantes medidas para combatirlas.

En el año 1987, surgió un nuevo virus, aún activo, que provoca en los cerdos la enfermedad del PRRS (síndrome reproductivo y respiratorio porcino). Tras extenderse por todo el mundo y causar enormes pérdidas económicas, la aparición de esta enfermedad marcaría un punto de inflexión en la producción porcina. Supuso el inicio de un cambio de mentalidad en el sector, aumentando la investigación y las medidas de contención de estas enfermedades y, además, fueron cambiándose paulatinamente todos los sistemas de producción, reorganizándose entorno al eje de la bioseguridad.

Hoy existen estrictas medidas de control para el acceso de personas y animales a las granjas de cerdos. Los trabajadores, proveedores o visitantes, han de vestirse y calzarse adecuadamente. En su caso, también habrán de ducharse o pasar por pediluvios para desinfección. Otras medidas están destinadas al control del propio ganado o de la maquinaria y las herramientas utilizadas.

Las instalaciones cuentan también con disposiciones específicas que van desde la propia ubicación hasta sistemas de acceso, señalización, vados para desinfección, eliminación de residuos, sistemas de almacenajes, etc. Hoy en día, las granjas consideran como inversión el gasto en equipamientos de sofisticados sistemas de control del clima: ventilación, calefacción y humedad. Ya se instalan, incluso, filtros biológicos.

La organización del trabajo también tiene procedimientos de control: se redactan protocolos de trabajo y se registra pormenorizadamente toda la actividad realizada en libros de registro de acceso de personas, libros de explotación, registro documental de los protocolos de trabajo en granja o de investigación.

Todas estas medidas complementan, por supuesto, a los tratamientos veterinarios.

Por su parte, las autoridades competentes regulan, redactan planes y programas y promueven líneas apoyo a la financiación para favorecer la bioseguridad en las explotaciones.

Sin duda, podemos aprender mucho de esta experiencia ganadera. Es cierto que va a ser complicado enfrentarnos a este coronavirus y estar preparados para la siguiente amenaza sanitaria. Pero estoy segura de que pronto volveremos a visitar tranquilamente museos o a asistir a conciertos. Y haremos uso, con normalidad, de hoteles y restaurantes.

Las medidas de bioseguridad están llegando para quedarse. Y su aplicación pasa por un esfuerzo importante en financiación y formación. En el año 2035, tal vez recordaremos nuestras visitas turísticas anteriores al COVID, con la misma extrañeza que ahora pensamos en haber conducido una motocicleta sin casco (vale, también con un poco de nostalgia…).

Aún está todo bastante confuso, pero ya se están dando los primeros pasos para adaptarnos a la nueva situación.

Los gobiernos, central y autonómicos, van estableciendo algunas medidas para paliar las consecuencias económicas del confinamiento. Por doquier, se publican recomendaciones y se lanzan infinidad de ideas y opiniones sobre el futuro de nuestra actividad. Se habla de limitación de aforos, cartillas de inmunidad, sistemas de desinfección, medidas higiénico-sanitarias y hasta de sellos de garantía. También se están produciendo las primeras movilizaciones de los actores socioeconómicos en busca de soluciones conjuntas que nos permitan prepararnos para la vuelta a la actividad.

Pronto tendremos en cada uno de nuestros centros de actividad turística y cultural, nuestro propio plan de bioseguridad, lo mismo que hoy contamos con otro tipo de planes.

Es tiempo de prepararnos. Está claro que ahora tenemos que poner nuestro futuro en manos de la ciencia. Pero, como también me comenta Juanjo, «el riesgo cero en biología no existe». Las medidas higiénico-sanitarias van disminuyendo el peligro y el tiempo nos ayudará a que la percepción del riesgo sea cada vez menor. Ya estamos sintiendo todos que nuestro propio miedo se ha reducido mucho desde los primeros días del confinamiento. Aun así, a los del gremio turístico-cultural, nos va resultar muy difícil recuperar a nuestros usuarios y visitantes. Para ello, tendremos también que trabajar muy duro en este otro campo, el de la confianza.

La Junta de Castilla y León ha publicado hace unos días una “Guía de las principales medidas para empresas y autónomos aplicables al sector cultural, turístico, patrimonial y deportivo”. Además, indica que se irá actualizando convenientemente.

Me parece una gran idea. Se me ocurre copiar aquí esta iniciativa, recopilando un listado con medidas, ideas y recomendaciones que puedan ser interesantes para nuestros proyectos parvi. Si tienes alguna aportación, puedes transmitírmela a través de mi contacto para poder añadirla a la lista (pronto volveré a abrir los comentarios, donde también podrás participar).

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LISTADO DE MEDIDAS, IDEAS Y RECOMENDACIONES:

Esta información está disponible en una página en el menú principal donde está más accesible para consultar: enlaces de interés.

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