PROYECTOS «PARVI»

Foto: @tachiest

Cuando hablamos de proyectos culturales, abarcamos una amplia diversidad. Cada proyecto cuenta con mil factores que lo hacen único y lo relacionan con unos u otros tipos de proyectos vinculados a la cultura.

En este blog me gustaría hablar principalmente de proyectos pequeños. Pero quiero dejar muy clara la esencia de estos proyectos, descartando todo matiz peyorativo del término.

Para evitar estas posibles confusiones, se me ha ocurrido darles un nombre especial: proyectos parvi.

Y para concretar esta idea, me voy a apoyar en la definición que hace la RAE de pequeño:

1. «Que tiene poco tamaño o un tamaño inferior a otros de su misma clase». Cuando decimos pequeño, seguramente a todos nos viene esta idea, al menos en un primer momento. Nuestros parvi están lejos del Museo del Prado o del Festival de San Sebastián. Pero no perdamos de vista a los poderosos: siempre hay que pensar en grande.

2. «Dicho de una persona: baja, de poca estatura». No ha lugar.

3. «Breve, poco extenso». Interesante este matiz. Los proyectos a los que quiero englobar en parvi, pueden ser también aquellos que están dentro de una programación anual o especial, o que forman parte de un proyecto de mayor envergadura. No se espera de ellos que trasciendan por sí mismos o que tengan una vida larga. Pero sí participan de la repercusión de otros proyectos mayores. A saber: un ciclo de conferencias en un museo o la celebración del aniversario de un hecho histórico en la programación turístico-cultural de un municipio.

4. «Poco importante o poco intenso». ¡Nunca!

5. «Modesto, de escasos recursos o influencia». Esta definición sí que tenemos que aceptarla para nuestro caso. Una de las características más condicionantes de nuestros proyectos parvi, es la limitación de recursos de los que vamos a disponer. Aunque este es un mal endémico de la cultura, al menos en España, para los pequeños es determinante, sobre todo en cuanto a recursos humanos. Pero que no cunda el desánimo, solo es cuestión de trabajar intensamente este asunto. Y de echarle muchas ganas e imaginación. 

6. «De corta edad». Esta es la descripción que más me gusta. Todos los proyectos están condicionados por el momento en que se encuentren. Para mí, cuando un proyecto está en su infancia o cuando está reorientándose en su propia esencia, es un parvi.  

Dicho de otra forma, veo los proyectos culturales como personas, con su historia singular, sus características, circunstancias, inquietudes e, incluso, con su propio carácter. Los proyectos nacen, crecen y van caminando por la vida, evolucionando en el tiempo entre altos y bajos. También han de morir, aunque su vida puede ser larguísima (sé de algunos que tienen más vidas que un gato). Y su existencia puede llegar a trascender más allá de su desaparición, en un recuerdo documentado.

Es lo que en marketing se conoce como el ciclo de vida de un producto. Puede resultar un poco frío tratar a la cultura en los términos que indica la economía, pero debemos acostumbrarnos a que sea así, sobre todo cuando el fin de nuestro proyecto esté orientado directamente al público general, al mercado.

Pero hoy mejor volvamos a la personificación de nuestros proyectos. Imaginemos que es un niño y reconociéramos en él sus habilidades y preferencias. Por muchas buenas condiciones con las que el niño cuente, debemos contribuir a que las desarrolle adecuadamente si lo que quiere es llegar a ser un buen profesional en una materia determinada.

También se puede dar el caso de que podamos participar en un proyecto desde el momento mismo de su concepción. Tengo entendido que las Edades del Hombre surgió en una conversación de amigos entorno a una mesa camilla entre el sacerdote José Eugenio Velicia y el escritor José Jiménez Lozano. Y ellos mismos pusieron en marcha la exposición que hoy se ha convertido en todo un referente en Castilla y León.

Otros proyectos pueden surgir fruto de una necesidad. O de un cambio de orientación. En este caso, es como que el recurso vuelve a la infancia para caminar una nueva vida. Imagina una fiesta tradicional recuperada tras años sin celebrarse. O un castillo que se reinventa como centro de convenciones.  

7. «Bajo, abatido y humilde, como contrapuesto a poderoso y soberbio». Esta definición también es muy interesante para nuestro asunto.

Encontramos también proyectos pequeños entendiendo estos como los que están en tiempos bajos. Imagina los cantos y bailes locales, tremendamente populares en otra época y hoy casi olvidados por el desuso. O tantos y tantos edificios religiosos, levantados con gran fervor entre su población y hoy difícilmente cuentan con alguien que abra su puerta de vez en cuando.

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En definitiva, a partir de ahora hablaremos de proyectos parvi para englobar todos nuestros pequeños proyectos que, en general, es sobre los que vamos a trabajar. He tirado del latín (parvus), para reafirmar su carácter cultural ya que es esa su materia prima. Conservar y difundir los valores culturales de nuestro proyecto, siempre serán objetivos prioritarios para nuestros parvi.

Es cierto que son pequeños en algunos sentidos, pero pueden ser realmente importantes para un territorio o una población o colectivo. O pueden tener un gran potencial de crecimiento. En cualquier caso, tienen en común que son enormes en voluntad. Y nos gustan los retos 😉

«Tenga cuidado con las cosas pequeñas. Su ausencia o presencia pueden cambiarlo todo». Han Shan

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