TRES: ¿POR QUÉ?

Contestar al porqué de las cosas es algo muy serio. En el diseño de un proyecto, yo diría que resulta determinante. Es fundamental tener argumentos sólidos con los que convencer de la idoneidad de nuestra idea. Y estos argumentos han de ser tratados como un diamante bien pulido por todos sus costados, para que brille desde cualquier perspectiva.

Hablar de lo que me ha movido siempre a interesarme por el mundo de la cultura, resultaría bastante aburrido. Y fácilmente me perdería en un montón de divagaciones, entrando en un terreno filosófico que desconozco. A este respecto, permíteme que nos quedemos con un porque sí, siempre tan útil para zanjar los interrogatorios difíciles.

El caso es que hace ya tiempo, decidí que la gestión cultural era mi camino profesional. Y más concretamente la gestión relacionada con el patrimonio cultural. Me he formado. He leído. He observado, preguntado y escuchado mucho. Y también he trabajado en bastantes proyectos y actividades culturales. Proyectos casi siempre con recursos muy limitados, localizados en el medio rural y enfocados al turismo.

Como hablábamos la semana pasada, un proyecto cultural comprende muchos aspectos de diversa índole. Esto hace que los técnicos encargados tengamos que abarcar un montón de funciones. Y más aún si el proyecto está promovido por una pequeña organización con una plantilla reducida. El trabajo es apasionante y muy enriquecedor. Y también bastante estresante.  

Lo cierto es que estos proyectos salen adelante con demasiado esfuerzo. Con frecuencia, resultan muy caros o no consiguen la repercusión esperada. Su eficiencia suele ser escasa y por el camino no se aprovechan muchas de las oportunidades que van generándose. A veces, aunque la idea es muy buena, el proyecto no se desarrolla de forma estructurada, resultando decepcionante para sus promotores y confuso para los usuarios. O simplemente ha de realizarse por fases y con constantes cambios de personal; o se alargan tanto en el tiempo que pierden totalmente su esencia. Algunos proyectos se quedan en eventos-oasis, que generan poca repercusión más allá de los ingresos económicos del momento y cierta imagen de dinamismo sociocultural. También sucede a menudo que el gasto en publicidad resulta desproporcionado en relación a la inversión realizada en la creación del producto. Y lo mismo ocurre con el gasto de muchas obras de conservación o rehabilitación; incluso hay monumentos que cierran la puerta una vez finalizados estos trabajos.

Necesitamos buenos proyectos, es así. Los pequeños* también tenemos que pensar en grande. Los recursos son muy cortos y los compromisos enormes. Y, ahora que ha entrado en escena el coronavirus, estoy aún más convencida. Si los efectos del COVID-19 plantean un futuro incierto para casi todos los profesionales y para la mayor parte de las actividades económicas, en las primeras semanas de su aparición, ya está siendo implacable con el turismo y la cultura.

Pero las oportunidades siguen floreciendo. Y surgirán otras nuevas y diferentes. Y, ahora más que nunca, va a ser importante trabajar sobre proyectos potentes y bien armados porque, desgraciadamente, las dificultades van a ser aún mayores.

Por eso tenemos que trabajar como los grandes, conocer las herramientas con las que podemos contar y aplicarlas con maestría. Estudiar, analizar, planificar, marcar objetivos, buscar recursos, investigar, mediar, tramitar, comunicar, evaluar,… Colocar buenos cimientos para nuestro proyecto y nutrirlo con cariño y tesón para que crezca. Y también mirar a nuestro alrededor, contar con las personas u organizaciones que pueden contribuir a su crecimiento y considerar a todo el territorio sobre el que puede llegar a repercutir. Y siempre, siempre, a cada paso, alejar la vista al futuro, para que todo lo que hagamos sea un peldaño sólido para los que vienen detrás.

No pretendo posicionarme como una gran experta en gestión cultural. Ojalá lo sea algún día. Pero sí creo que mis reflexiones, conocimientos y experiencias, pueden resultar útiles para algunos promotores y gestores, o para el que menos lo imagine, porque en esto de la cultura estamos todos. Y, tal vez, este blog pueda llegar a ser un foro en el que compartamos nuestras dudas, inquietudes y logros para promoción de la cultura.  

En definitiva, pongo en marcha este blog porque creo que trabajar el patrimonio cultural y toda la actividad cultural, siempre es una apuesta para el desarrollo social y económico, en especial para el medio rural. Porque quiero contribuir a la profesionalización de la gestión cultural. Porque tenemos un compromiso con las generaciones futuras de transmitirles, a ser posible enriquecido, el legado que hemos recibido. Porque quiero contactar con más gente comprometida y con ideas. Porque me apetece compartir mis reflexiones y continuar aprendiendo en el camino. Porque quiero seguir trabajando en esto. Y, además, porque sí.

* En adelante utilizaré la denominación «proyectos parvi» para referirme a nuestros proyectos, pequeños pero con matices.

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