DOS: ¿QUIÉN?

Foto: @juanjo.ciru

Cuando nos presentamos ante un grupo en un entorno formal, solemos hacerlo tal que así: “Soy Virginia Cernuda Alonso. Soy gestora cultural, …”.

En mi gremio, ahí empieza una de nuestras batallas: ¿Gestora cultural?

Es lógico que nos cueste identificar profesiones nuevas como especialista big data o ingeniero en inteligencia artificial. Pero si eres médico, maestro o abogado, no hay que dar más explicaciones. La sanidad, la enseñanza y la jurisprudencia son sectores profesionales cercanos y tradicionales. Pero, ¿no lo es también la cultura? El patrimonio cultural, por definición, es más viejo que cualquiera de nosotros. Entonces, ¿es que no se ha gestionado hasta ahora?

Se me ocurren algunos factores para entender esta idea de novedad o indefinición de lo que es un gestor cultural. Te animo a que aportes alguna idea más, especialmente si tú mismo eres gestor cultural.

Es cierto que las compañías teatrales, los museos o la edición literaria son actividades antiguas. Pero son nuevas las fórmulas de gestión, procedimientos y herramientas que han de aplicarse hoy en día para que el objeto cultural desarrolle toda su capacidad socioeconómica. 

Por desgracia, la cultura, a menudo se percibe como una actividad secundaria, prescindible o superflua. En su conjunto, difícilmente es vista como un sector competitivo. Fuera de los ingresos generados por el consumo directo, habitualmente nos olvidamos de que la cultura, también aporta una riqueza que va más allá de lo puramente económico. 

Tal vez por esto, la gestión de la cultura tradicionalmente no se ha tratado como una actividad económica. O, mejor dicho, aun siendo un elemento económico valioso, aun no se ha generalizado para la cultura la aplicación de herramientas de gestión similares a las de otros productos. Es cierto que muchos profesionales de la cultura han aplicado con éxito fórmulas empresariales desde hace tiempo, especialmente en los elementos del patrimonio cultural que se han desarrollado turísticamente. Pero es solo en los últimos años cuando empezamos a familiarizarnos con conceptos como economía de la cultura o industrias culturales.

También afecta a la confusión el hecho de que la cultura es un sector con muchas y variadas disciplinas: artes plásticas, visuales, escénicas, la música, el mundo editorial, el audiovisual y multimedia, bibliotecas, archivos, museos, etc. Y, por si fuera poco, la cultura es transversal a muchas otras áreas de la economía o, incluso, puede llegar a mezclarse profundamente con ellas.

La Alhambra de Granada o el Museo del Prado ¿son gestión cultural o turística? ¿Y si en un museo se monta un festival o se organizan eventos sociales? ¿Cuántas actividades económicas, además del turismo, se van a ver afectadas por la supresión de la Semana Santa este año por el maldito bicho? ¿Y a qué territorio va a afectar esta circunstancia?, ¿solo a las localidades donde se celebran sus actos más populares?

Son muchas las cuestiones que nos podemos plantear entorno a la gestión cultural. Está claro que estamos lejos de poder definir esta profesión con pocas palabras. Para mí, la definición a la que más se asimila sería a la de un arquitecto.

La materia prima de ambos, son las ideas plasmadas en papel donde quedan reflejadas las trazas que guiarán su obra. Un arquitecto diseña y construye edificios. Un gestor cultural hace lo mismo con proyectos culturales. A bote pronto, puedo imaginar que un arquitecto ha de tener en cuenta gran cantidad de componentes específicos para su proyecto: el terreno, la climatología, los materiales, la legislación aplicable, el mantenimiento, el presupuesto, la financiación, y, por supuesto, sus clientes, tanto el promotor de la construcción como los usuarios finales de la misma. Lo mismo ocurre con el gestor cultural, quien ha de manejar gran cantidad de elementos, sea cual sea la disciplina específica de su proyecto. Es cierto que la arquitectura lleva implícito un componente artístico. A cambio, la gestión cultural ha de contar con la sensibilidad suficiente para conservar y difundir intactos los valores de la cultura.

Solo una última cuestión: para levantar un edificio, no dudamos en contactar con un arquitecto; pero, si tuvieras que gestionar un monumento, ¿en quién pensarías para hacerlo?

Para compartir ¡Gracias!:

4 comentarios en “DOS: ¿QUIÉN?”

  1. Lo voy pillando…. contestando a tu pregunta, por supuesto, habría que contar con un gestor cultural.
    Algo así como alguien que se encarga de la difusión de estos bienes mediante diversas actuaciones que no son las que se venían haciendo, sino que incorpora nuevas ideas y herramientas, digitales o de otra índole….
    Es ésta la idea????

    • Qué difícil me lo has puesto 😉 Ni siquiera los que nos dedicamos a esto sabemos definirlo fácilmente. Pero sí, esa es la idea. Solo añadiría que, además de difundir, es también muy importante la conservación. Y los gestores culturales tenemos que preocuparnos siempre de trabajar las dos cosas.

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